lunes, 3 de octubre de 2011

Bienvenidos al Norte


El cine francés, de vez en cuando, traspasa verdaderamente las fronteras del país galo y supone un fenómeno en el resto del continente europeo. En algunos casos esta fenómeno ocurre cuando se deja de lado el estilo típico de nuestro país vecino (como por ejemplo en el thriller “Los Rios de Color Purpura”), pero en otros casos triunfan productos tan típicos del país que hasta se hace extraño. Es el caso de Bienvendos al Norte: una francesada tan francesa que durante la primera parte de la película te llegas a plantear seriamente como ha llegado a tener éxito esta cinta fuera de sus fronteras. Pero luego te das cuenta de que, pese a los localismos, la historia que se explica es universal.

En la cinta, un trabajador de correos desea ascender a director, y trabajar en la costa azul. Para lograrlo intenta utilizar sus influencias, e incluso simular una invalidez. Cuando es descubierto, y como castigo, le ascienden, pero tiene que irse a vivir al norte del país, donde todo el mundo comenta que hace un frío helador, y que la gente es alcohólica y paleta. Cuando llega al pueblo (solo, porque su mujer e hijo no le quieren acompañar a tan horrible lugar) se da cuenta que no todo es tan malo como parece, y que de hecho empieza a sentirse muy agusto en su nuevo destino.

La mayor parte de la película se basa en malentendidos lingüísticos (los Ch'tis, habitantes de la zona, hablan de una manera extraña para la gente “de ciudad”) y los diferentes problemas personales de los trabajadores de la oficina de correos. Con un humor muy gabacho, es decir, más sonrisas que carcajadas, estamos ante una película entretenida, pero en mi opinión un tanto sobrevalorada por la crítica. La disfrutareis mientras la esteis viendo, y la olvidareis al cabo de poco. Aunque tiene una serie de personajes secundarios que merecen la pena por si mismos, más allá de la trama.

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