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sábado, 2 de junio de 2012

Midnight in Paris, de Woody Allen


Woody Allen sigue estrenando postales turísticas de ciudades Europeas. Lo hizo con Vicky Cristina Barcelona, con Midnight in Paris y probablemente lo hará con “A Roma con amor” este 2012. Parece que al director neoyorquino le ha cogido el gusto por continuar retratando grandes ciudades después de dejar su amada Nueva York, aunque cada estas películas tengan más de folleto publicitario que de cine de autor.

Pero vamos a hablar de Midnight in Paris. En la película no sale Woody, pero como si lo hiciera, porque Owen Wilson lo versiona a la perfección. El pobre Owen (Gil en la película) está enamorado de la ciudad de París, concretamente de la época de los años 20. Una noche de borrachera, paseando por la ciudad, llega a unas escaleras de una iglesia y un coche antiguo se parará delante, invitándole a una fiesta, que le trasladará del año 2010 a los años 20, donde se codeará con la creme de la creme de la sociedad parisina de la época (Dalí, Hemingway, Picasso, Buñuel,...) y se enamorará de una chica (Marion Cotillard) que también sueña con otras épocas. En el fondo el pasado siempre nos llama más la atención que el presente...

La película está bien, me ha recordado un poco a Scoop, pero sin ser tan divertida (de echo no me ha parecido divertida...) y París es tan bonita que siempre es agradable de ver. El guión es entretenido y se agradece el componente de “fantasía” que ya habia utilizado el autor en la mencionada Scoop o en “La Maldición del escorpión de jade”. Y sale Carla Bruni cuando no estaba tan operada en un micro papel que dicen las malas lenguas le costó muchísimo de rodar... 

La Cara de Woody Allen lo dice todo...
Me creo lo que dicen que fue una actriz difícil...


Así pues, una película para los fans de la ciudad del Amor y del Woody Allen más comercial. ¿Soy el único que piensa que tendría que espaciar más sus películas y darle más valor a la calidad que a la cantidad?

miércoles, 2 de junio de 2010

Si la cosa funciona

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A parte de ser uno de los mejores directores del panorama internacional, Woody Allen es de sobras conocido por su carácter histriónico e hipocondríaco, sus delirios filosóficos y su particular relación con las mujeres especialmente jóvenes. Estos aspectos han estado presentes en prácticamente todas sus películas de la mano de variados y estrafalarios personajes, en algunas ocasiones interpretados por él mismo.

La ironía y las situaciones delirantes que desprenden sus film, hacen únicas a cada una de las piezas que conforman su extensa filmografía, con títulos tan sonados como Balas sobre Broadway, Poderosa Afrodita o Desmontando a Harry. Pero se corre el riesgo de que esto pueda caer en la repetitividad, en la broma fácil o el argumento previsible. Y cuando esto sucede es que la cosa no funciona.


En Si la cosa funciona, un hombre maduro y excéntrico (Larry David) abandona su vida acomodada, para empezar una existencia bohemia. En esta nueva andadura conoce a una ingenua joven recién llegada del sur (Evan Rachel Wood), con quien iniciará una particular relación que dará lugar a toda una serie de enredos familiares y sentimentales.


La película tiene un inicio flojo y desconcertante con el protagonista y unos amigos conversando en la terraza de un bar, mientras el primero trata de convencer a los segundos de la existencia de un público que ha pagado una entrada por ver sus vidas. De esta manera, mirando a cámara y hablando directamente al espectador, se nos trata de introducir en el film.


Larry David, encarnando a una más de las múltiples versiones de los alteregos de Allen, está correcto aunque resulta un tanto irritable y grotesco, mientras que Evan Rachel Wood no provoca la alteración deseada en la historia y se vuelve cargante y un punto insoportable. Sin embargo, cuando todo parecía estar perdido, la película vive su punto más álgido con la entrada de la madre de la joven sureña, interpretada por una magnífica y divertida Patricia Clarkson, quien nos regala la mejor escena en la que descubre que el marido de su hija es un hombre mayor, calvo y cojo.


Pero pese a todo, igual que no se le pueden pedir peras al olmo, tampoco se puede esperar que una película que empieza mal acabe bien. Así que justo cuando vuelve a flojear la historia, entra otro personaje, en este caso el padre de la criatura, un personaje totalmente imprescindible, que no aporta nada, y nos arrastra hacia un final del todo previsible.


De modo que si los amantes del cine woodiniano pensábamos que con Vicky Cristina Barcelona el director había llegado a los límites más bajos de la mediocridad, con esta película tampoco nos da muchas alegrías, ya que como esta ha filmado otras, y los resultados han sido mucho mejores.

Puntuación El Rotoscopio: 5/10
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domingo, 22 de marzo de 2009

Los Abrazos Rotos, o el Hard Candy de Almodovar

El título del post no es mío (ya me gustaría). Lo he “tomado prestado” de un artículo que encontré sobre la película en una página web, y no me podía parecer más acertado. Los abrazos Rotos son a la filmografía de Almodóvar lo que Hard Candy a la discográfica de Madonna, algo raro, discutido, impersonal, criticado e infravalorado que solo el tiempo podrá poner en su lugar.

Esta cinta del manchego más universal de nuestro cine es … diferente. Después de que le hayan criticado por los excesos trasvestiloides, el surrealismo y su basto sentido del humor, Almodóvar decide hacer una película que no lleve su sello marcado a fuego. Y lo consigue.

En esta película, que es cine dentro del cine (algo complejo, que no siempre da buenos resultados, como en el caso de Melinda y Melinda de Woody Allen) se narra la historia de un director de cine/guionista (un excelente Lluis Homar) en dos épocas de su vida: en una, 1994, es un director de cine de éxito que está rodando su nueva película: Chicas y maletas. En la otra, 2008, es un guionista ciego que le explica su historia al hijo de su productora. En ambos tiempos se explica la intensa historia de amor y las traiciones a las que se tiene que enfrentar una pareja, en una historia más que interesante.

Y después del argumento, la chichilla: la película está muy bien rodada, pero tiene algunos “fallos”. En realidad me refiero a que la pérdida del sello Almodóvar se nota, ya que la película en algunos momentos es muy lenta de discurso, y son los mejores momentos los que recrean escenas de Chicas y maletas (el alter ego cómico de la película, muy al estilo de Mujeres al Borde de un ataque de nervios), y algunos “caprichos” que el director se ha permitido (como por ejemplo las escenas en las que aparece Lola Dueñas, muy divertida).

A parte de este pequeño fallo de falta de identidad, la película tiene muy buenos momentos: los pechos de Kira Miró (es feo decirlo, pero es la verdad), los “cameos” de actores populares de nuestro país (Carmen Machi, que sale poco pero lo borda), las maravillosas actuaciones del trío Homar-Cruz-Portillo, la intensa historia de amor que se narra, los momentos de tensión que se crean y sobretodo, lo desmejorada que han puesta a la pobre Ángela Molina (dios, que momentazo!!!)

Como he dicho, esta película es como Hard Candy, puede hacerse rara de ver la primera vez, pero estoy seguro que en una segunda revisión (que la habrá, y más de dos también) me acabará gustando y la situaré entre las más grandes. Pero eso será más adelante. Por ahora le pondré un 8, es decir, una gran película, pero que necesito madurarla un poco para que le suba más.

jueves, 23 de octubre de 2008

Melinda y Melinda, de Woody Allen

Estos días he estado viendo la que, siempre a mi juicio, debe de ser la peor película de Woddy Allen: Melinda Y Melinda.

Digo que es su peor film por varias razones: La primera de todas es que se excede en su pedantería, y presenta un argumento forzado y muy artificioso para contar una historia demasiado manida. No puedo entender como ha utilizado el recurso del cine dentro del cine para enfocar estas dos historias cómica-dramática, ya que aún te deja más frío que si hubiese explicado la propia historia.

Antes de seguir, de que va la cosa: Un grupo de guionistas están discutiendo sobre el sentido eminentemente cómico o dramático de la existencia humana, y deciden crear una historia a partir de un punto de partida común para ver como podría evolucionar en ambos sentidos. A partir de aquí se desarrollan las historias paralelas de las dos Melindas. Las historias son flojuchas y clicheteras, y además no llegan a convencer al espectador. Puestos a elegir una me quedo con la comedia, pero hay que remarcar que está a años luz del resto de comedias de Allen.

Supongo que Allen intentó desmarcarse con un ejercicio de estilo que le ha salido muy mal. Los usuarios de IMDB la valoran de media con un 6,5. Yo le daría un 4.

Suspenso,

y merecido.

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