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viernes, 4 de enero de 2013

'Los Miserables' de Tom Hooper


Hay películas que se fabrican desde su inicio para arrasar en taquilla y ganar todos los premios posibles y un reciente ejemplo actualmente en cartelera es ‘Los Miserables’.

Cuando Universal se planteó llevar a la gran pantalla uno de los grandes musicales más vistos de la historia, con canciones hiperconocidas por el gran público, lo tuvo claro: la cuestión era convertir el proyecto en un megaproyecto de presupuesto desorbitado, poniendo al frente a un director de prestigio y a un plantel de actores de esos que llenan salas con solo leer su nombre en el cartel.

De este modo, confiaron la batuta en Tom Hooper, director capaz de vendernos como obra maestra un film normalito como el ‘El discurso del Rey’, y formaron un elenco de intérpretes de gran solvencia en el musical como ya habían demostrado en alguna ocasión, encabezado por Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway y Amanda Seyfried. ¡Con estos ingredientes, el éxito estaría asegurado!


Cuando este pasado mes de noviembre empezaron a realizarse los primeros pases privados del film, todo fueron aplausos y alabanzas a la obra de Hooper, pero poco a poco ha ido creciendo el número de detractores que no han tenido la más mínima piedad a la hora de emitir su crítica y calificar a la película como un horror. Estamos, pues, ante un film que no deja indiferente a nadie.

Personalmente, como suelo hacer desde hace ya algún tiempo, me enfrenté a la película después de haber hecho un gran esfuerzo por no leer ni una solo crítica y ni tan siquiera ver los diferentes clips promocionales que fueron saliendo desde que empezara a rodarse en el mes de marzo del año pasado. Así pues, mis únicas referencias han sido las nominaciones y premios que las diferentes asociaciones de críticos estadounidenses han ido otorgando desde que arrancó la carrera hacia los Oscar hace dos meses, donde he podido ir viendo como ni ‘el musical del año’ ni su director aparecían entre los mejores del 2012, y solo Anne Hathaway es, de partida, la mejor posicionada de cara a alzarse con una estatuilla dorada, habiendo sido la única integrante del grupo en ganar algún galardón.


Una vez vista ya puedo emitir mi propio veredicto y este es, en primer lugar, que ‘Los Miserables’ de Tom Hooper no es una película musical al uso, sino una película cantada con algunos números musicales propios del género en sí.

‘Los Miserables’ es un film que emociona, con una escenografía imponente, un vestuario precioso y un trabajo técnico espectacular (aunque el director abusa a ratos del primer plano y la cámara en mano). Sus escenas con esos diálogos cantados traspasan la pantalla y se adentran en el corazón del espectador hasta provocar la lagrimita (quien no la haya visto aún debe saber que es mejor llevar pañuelos de más). Los actores están maravillosos e incluso Russell Crowe, cuyo nombre no me encajó en un principio en este proyecto, ejerce de digno malo malísimo inspector Javert con gran fuerza y convicción.



Y es que los actores lo dan todo en este largometraje cuyo mayor acierto es que cantan en directo, y donde destacan algunos nombres como el de la joven Samantha Barks encarnando a una emotiva Éponine y cuyo número ‘On my own’ pone la piel de gallina (ella misma encarna este mismo papel en la obra teatral londinense y eso se nota en su actuación, pues es uno de los mejores números). Hugh Jackman, quién ya cantó con Anne Hathaway en la 81 gala de los Oscars demostrando que entre ellos había química, está soberbio como sufridor Jean Valjean, mientras que la pareja formada por Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen aporta la parte más cómica del film, pero el resultado es ciertamente tan caricaturesco que chirría entre tanto melodrama y ambos parecen estar recién sacados de aquel ‘Sweeney Todd’ de Tim Barton que interpretaron en 2007. 


Pero si algo en el apartado interpretativo hay que resaltar es el trabajo de Anne Hathaway.

La Hathaway, ¡oh, la Hathaway!, nos regala el momento del film en mayúsculas, por encima de cualquier trama o escena final. Su recreación de Fantine es perfecta, sensible y sentida. Su interpretación del ‘I Dreamed a Dream’ con esa fuerza y desgarro dramático rompe el corazón y es en este instante donde lloraremos a placer. Su solo en primerísimo primer plano es lo más maravilloso de la película y doy por seguro que, no solo le va a valer un Oscar merecidísimo, si no que será también uno de los trabajos por el que siempre será recordada y que la ha elevado desde ya a ‘grande de Hollywood’.


Quizá la trama romántica desarrollada en la tercera parte del film entre Éponine, Cosette (Amanda Seyfried canta deliciosamente bien y ya he dicho en alguna ocasión que por ella siento debilidad, pero está algo desaprovechada aquí) y Marius (Eddie Redmayne) sea a todas luces la más aburrida de una película que dura 170 minutos y en algunas partes centrales se hace un poco pesada. 



En líneas generales, ‘Los Miserables’ es una película más que correcta en su conjunto, pese a algunos ‘peros’ en su desarrollo que no le pueden dar el calificativo de ‘musical definitivo’ y con un final en el que el director patina un poco convirtiéndolo en un cierre un tanto difuso (no lo desvelaré para no adelantar datos a quien no la haya visto y piense hacerlo). No obstante, el brillante trabajo de los actores, los espectaculares números musicales, el meritorio trabajo técnico y la gran puesta en escena de Tom Hooper, eleva el nivel de la película y la convierte en una propuesta más que interesante para todo amante del musical y en especial, del séptimo arte.


Puntuación El Rotoscopio: 4’5/5

viernes, 20 de julio de 2012

El Dictador


Sacha Baron Cohen es el rey de la provocación. Ya hablamos de el en el pasado cuando estrenó Brüno, y muchos de los calificativos que utilizamos en aquel momento podrian repetirse hoy: humor de brocha gorda, en ciertos momentos incluso ofensivo, y con un cierto mensaje a transmitir, que no muchos van a llegar a ver detrás de la densa capa de humor corrosivo y políticamente incorrecto que destilan todas sus películas.

El Dictador tiene contactos en las más altas esferas

En el Dictador, Baron Cohen deja de lado el formato documental de Borat y Brüno para centrarse en una película de estilo más tradicional pero con el mismo esquema de sus anteriores films: crear un estereotipo social (en este caso un dictador de un ficticio país árabe, misogino, idiota y que abusa de su autoridad) que se enfrenta a un choque cultural (un viaje a Estados Unidos con una traición incluida). En Estados Unidos el dictador intentará llevar su estilo de vida, aunque por un revés del destino se verá obligado a hacerse pasar por otra persona e integrarse en el estilo de vida americano. (¿acaso no os suena la trama?).

En la película aparecen algunos famosos haciendo de sí mismos (hilarante es la escena de Megan Fox), y además aparece la divertida Anna Faris con un cambio físico considerable (pelo corto, y look machorro incluido).
¿Dónde está Farris?

En fin, que si os han gustado Borat o Brüno, pues esta os gustará igual. Y si no os gustaron... Pues no hace falta ni que os lo planteeis. A mi me encantó.

domingo, 12 de julio de 2009

"Brüno, deliciosos viajes por América con el objetivo de hacer que los hombres heterosexuales se sientan visiblemente incómodos en presencia de un...

... gay en camiseta de malla"
O lo que es lo mismo: Brüno, la nueva película – “documental” de Sacha Baron Cohen.

Ayer a la tarde decidimos pasar por el Kursal de Igualada porque teníamos muchas ganas de ver esta peli, y no nos apetecía coger el coche para ir a una sala mejor equipada. Y mereció la pena.

Brüno, y el humor de Sacha Baron Cohen, está perfectamente delimitado en lo políticamente incorrecto y escatológico, no teniendo nada que envidiar a las primeras entregas de Scary Movie o a “Los Sexoadictos” (A dirty Shame), la película de John Waters en la que la siempre interesante Selma Blair se nos presenta con unas prótesis mamarias que serian la envidia de Yola Berrocal. Este humor de brocha gorda no es apto para todos los públicos (doy fe que hubo gente de la sala que tubo que abandonar el cine por sentirse “incomoda” ante las situaciones que se iban sucediendo en la cinta), pero el que aquí escribe se rió como no lo había hecho en años ante una película que en el fondo busca eso: provocar y hacer reír.

La historia es muy sencilla: Brüno es un presentador Austriaco y gay de un programa de moda que, al liarla parda en un desfile de la semana de la moda de Milán de Ágata Ruiz de la Prada con un traje de belcro que se lleva parte de su colección, es desterrado de su estatus de famoso y decide viajar a América para convertirse en estrella otra vez. En su viaje por América hace lo imposible para convertirse en famoso: graba un programa de entrevistas con Paula Abdul, intenta solucionar el conflicto de Oriente Medio, adopta a un niño “Afro Americano” como dice él, acude a Talk Shows,... y decide dejar de ser gay.

La película va uniendo un gag detrás de otro (el nivel de pervertidez de los cuales no va in crescendo, ya que des de el primer momento nos pone sobre aviso de lo que vamos a ir viendo).

Está claro que esta película está hecha para provocar, por lo que no se la recomendaría a gente remilgada ni con prejuicios. A los que tengáis gusto por el humor escatológico estáis de enhorabuena: Brüno os va a dar todo el que podáis asimilar (y más)

Como no, os dejo el vinculo al trailer, porque han deshabilitado la inserción de este vídeo (por cierto, la escena del centro comercial no aparece en la película, o al menos yo no la recuerdo…): http://www.youtube.com/watch?v=FSS5xqVZ9U4

Pasad un buen domingo, día ideal para ver una buena película…

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