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sábado, 5 de mayo de 2012

Las vidas posibles de Mr. Nobody

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Que menos es más lo sabemos todos escepto algún que otro director de cine que se esfuerza en mezclar en una misma película todo lo que sabe para demostrarnos lo creativo que puede llegar a ser.

Esto es lo que pretendió Jaco Van Dormael con su particular 'Las vidas posibles de Mr. Nobody', una película demasiado ambiciosa a la que le faltan infinitas dosis de sencillez y le sobran ingenio y vueltas de tuerca de guión. 
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Mr. Nobody vive en el año 2092, tiene 120 años y es el último ser humano mortal que vive rodeado de gente que ha logrado la inmortalidad gracias a los avances de la ciencia. Cuando Nemo (Mr. Nobody) se encuentra en sus últimos minutos de vida, rememora diferentes momentos de su existencia, diversas posibilidades de lo que podría haber vivido y matrimonios que nunca se dieron, con tres mujeres distintas.
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La película, visualmente bellísima y con una banda sonora original perfectamente escogida, tiene un buen arranque que engancha al espectador, deseoso de conocer más sobre el personaje y los contextos en los que va apareciendo. Sin embargo, son tan constantes los giros argumentales y los saltos en la historia, que las dos horas que dura el film se hacen interminables, dificultando que uno/a siga pemanentemente conectado a la historia por puro agotamiento mental.
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El apartado interpretativo tampoco destaca especialmente por ninguna actuación memorable, quizá porque la compleja estructura de la película y las pretensiones artísticas del director, se cargan por completo el trabajo de los actores. Jared Leto (Mr. Nobody) carga con el peso de la película, secundado por una poco agraciada físicamente Diane Kruger, Lihn Dan Pham y Sarah Polley (para una servidora, lo mejor de la película).
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Mr. Nobody, tan liosa y confuso como hipnotizante y fascinante, es un cruce entre 'Abre los ojos', 'Lucía y el sexo' y 'La Isla', muy recomendable para aquellos a los que les guste el cine rarito y además, les vaya la marcha.

Nota El Rotoscopio: 2/5




domingo, 10 de abril de 2011

Villa Amalia

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Isabelle Huppert es como los vinos, cuanto más madura, mejor está y más se disfruta. Y es que la francesa lleva una trayectoria a sus espaldas más que envidiable con títulos como La pianista (film que le dio la fama y el reconocimiento en nuestro país), Ocho mujeres o Propiedad privada.


Villa Amalia es uno de sus últimos trabajos, película que narra la historia de Ann, una mujer que tras descubrir la infidelidad de su marido decide romper con su pasado y presente para iniciar una nueva vida en otro lugar. Gracias a su amigo Georges emprende un viaje lleno de inseguridades y temores, que la llevará hasta una isla donde se encuentra Villa Amalia.


Huppert, con un look que a veces recuerda a Holly Hunter, se mete en la piel de la protagonista, una mujer que busca su identidad sumida en un permanente tormento interno y un silencio emocional, que la muestra frágil y sola frente al contexto humano y natural que la rodea.


Benoît Jacquot firma el guión y la dirección de una película extraña en su narración, que se queda en lo superficial de la intriga (reforzada por la banda sonora), sin adentrarse en esos temores que tanto se anuncian en forma de elipsis y otros ejercicios metafóricos. Si bien opta más por la contemplación, permite al espectador intuir, más que saber con certeza, los pensamientos y las decisiones que va tomando Ann durante el periplo de ese viaje iniciático.


Con un tono más seco que profundo, Villa Amalia se queda en un choque entre el academicismo más absoluto y unas buenas intenciones de creatividad narrativa, salvado por una nueva interpretación magistral de madame Huppert. Ella siempre extraordinaria.

Puntuación El Rotoscopio: 6/10
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domingo, 13 de diciembre de 2009

El erizo

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Este viernes llegó a las pantallas españolas la película francesa El erizo, un film que fue presentado en la pasada Seminci de Valladolid y que logró llevarse a casa el premio del público y de la juventud.

El erizo, inspirada en la novela de Muriel Barbery 'La elegancia del erizo', es la ópera prima de la directora Mona Achache, que cuenta en su reparto con una gran Josiane Balasko haciendo de portera, Garance Le Guillermic encarnando a una niña de sobrada inteligencia, y Togo Igawa como el nuevo vecino japonés, entre otros.


La película narra la historia de tres personas sumidas en la soledad, (la niña, el hombre maduro, y la portera), que viven en un mismo edificio donde se van encontrando y donde comparten momentos dulces y especiales hasta que un día llega la tragedia y la soledad les vuelve a golpear de nuevo.

Pese a sus once años de edad, la inteligente y madura niña se muestra harta y disconforme con la sociedad individualista en la que le ha tocado vivir, a la vez que no soporta la neurosis de su familia y la absorción de esta por el trabajo. Por su parte, la portera de su edificio es una mujer humilde de gran corazón aunque de carácter tosco y algo arisco, que vive refugiada en su biblioteca, ante la indiferencia de los vecinos de la comunidad a la que presta sus servicios y su baja autoestima.


Ambas mujeres pasan sus días bajo el caparazón de la infelicidad hasta que un día llega un nuevo vecino que les hará despertar su perspectiva vital. Un hombre culto, amable y refinado japonés que las tratará como a dos personas más, sin importarle su edad o condición social.


Aunque la película puede parecer insoportable al principio, con la marisabidilla de la niña dando lecciones morales sobre la superficialidad de la burguesía, la historia se va llenando de humanidad a partir de las relaciones entre los diferentes vecinos que viven en la comunidad, especialmente cuando la señora Michel, la portera, entra en acción y toma el protagonismo. Es en este momento cuando el espectador se aproxima a los personajes de la niña y la portera, los logra entender y casi rozar, gracias al realismo de la historia y a las maravillosas interpretaciones que hacen creíbles todos los gestos y cada una de las palabras.


La película es una mezcla de emociones y sentimientos, que van desde el drama y la tragedia, hasta los momentos más entrañables y adorables, con pinceladas sutiles de esa ironía francesa que tanto me gusta.

Así pues, se trata de una nueva obra de cine francés intimista y poética, con una gran variedad de matices interpretativos, donde todo es verdad y nada resulta lejano.

Puntuación El Rotoscopio: 8/10
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domingo, 31 de agosto de 2008

Una chica cortada en dos

Y acabo el fin de semana cinematográfico con otra francesa: Una chica cortada en dos, de Claude Chabrol.




La historia: Gabrielle Deneige vive en Lyon con su madre Marie y trabaja como “mujer del tiempo” en una cadena de televisión. Con ocasión del lanzamiento promocional de un nuevo programa, Gabrielle conoce al escritor Charles Saint-Denis, casado cincuentón que seduce a la joven nada más conocerla y enseguida se enamora de ella. A su vez, Paul Gaudens, un hombre más joven y rico, también intenta conquistar el corazón de Gabrielle.

Los protagonistas: Ludivine Sagnier (Swimming Pool), con un gran parecido físico a Sarah Poley; François Berléand (Los chicos del coro), el doble de Chumari Alfaro; y Benoît Magimel (La pianista), guapísimo y excelente actor.

El apunte: la primera escena, en coche, teñida de rojo.

Lo mejor: los actores, en especial Benoît Magimel. La escena final.

Lo peor: la típica historia de ‘hombre maduro seductor’, que tanto detesto. Los personajes demasiado estereotipados.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Por fin viuda

Más allá de los géneros cinematográficos, hay un tipo de películas que me gustan por su ‘fragancia estético narrativa’: las francesas.

El cine francés, como cualquier otro cine procedente de cualquier otro país, es amplio y variopinto, pero tiene algo, desde Claude Chabrol a Jean-Pierre Jeunet, pasando por Érick Zonca, François Ozon, Patrice Leconte, o Francis Veber, que rezuma a gusto y distinción.

Dentro del abanico de películas de la industria francesa, mi predilección se centra, mayormente, en las comedias.

Las comedias francesas siempre me han recordado a las comedias españolas (estoy pensando en ‘Salir Pitando’, ‘Días de futbol’, ‘El otro lado de la cama’,...), por ese toque tan nacional que las hace ser fácilmente reconocibles por el público (estoy pensando en ‘Salir del armario’, ‘Mi mejor amigo’, ‘Como en las mejores familias’, ‘Venus salón de belleza’, ‘Odette. Una comedia sobre la felicidad’...). Lástima que en nuestro caso no nos podamos comparar a los franceses en lo que a apoyo al cine ‘patrio’ se refiere...

Todo y que es cierto que, últimamente, las comedias francesas están alcanzando sus cotas más bajas de calidad y originalidad, yo me sigo manteniendo fiel a todas sus propuestas, incluida la última: Por fin viuda.


Por fin viuda, dirigida por Isabelle Mergault, narra la historia de una mujer que tras la muerte de su marido en un accidente de tráfico, ve la vía libre para iniciar una nueva vida con su amante, si no fuera porque su familia ha decidido instalarse con ella para apoyarla en su dolor y no la dejan sola ni a sol ni a sombra.

La película, que en el tráiler de presentación estaba vendida como comedia en mayúsculas (¡La película francesa del año!), me resultó más cercana al drama con pinceladas de sonrisa, que a la comedia de carcajada, y es aquí dónde saltó mi pequeña decepción, salvada por el gran descubrimiento de la actriz Michele Laroque, y al tema central del film: ¡la familia es un peñazo y cuando te toca sufrirla/o estás perdida/o!

No obstante, la película sigue siendo una delicia, con buenas interpretaciones, diálogos ligeros, y una banda sonora muy interesante.



P.S. El lunes 22 de septiembre empieza una nueva edición del programa americano ‘Dancing with the Stars’ (la versión española de ‘Mira quién baila’). Entre las ‘stars’ participantes: la cantante Toni Braxton, y el atleta Maurice Green. ¡Increíble!

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