El otro día vi la película de los Muppets.
Y me gustó mucho, porque salia la actriz más dulce del cine actual.
Al coprotagonista lo conocía poco, pero clavaba el papel y encima ha escrito el guión de la peli (que está muy bien entrelazado).
En la peli salia un muppet nuevo.
Y el resto de la banda, recién llegado de aquella época en la que se llamaban “Los Teleñecos”
Incluso mi favorita, la cerdita Peggy
Y a parte también hacen cameos en la peli ellos
Y él
¡Incluso él!
En resumen, tenéis que verla porque es una película divertidísima y que os va a traer momentos de nostalgia!
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martes, 16 de octubre de 2012
lunes, 14 de noviembre de 2011
¿Puede un mal doblaje cargarse una película?
La respuesta es clara: sí. Y para muestra un botón:
School of Rock, protagonizada por Jack Black, es una “comedia con niños”, en la que Black acepta un trabajo como maestro que va destinado a un colega, cuando en realidad a el lo único que le importa es el rock, ganar pelas y hacer el vago.
La comedia, aunque tópica, es bastante divertida, ya que el señor Black le da una vuelta de tuerca al personaje del “niño grande” que no quiere crecer, y que es incapaz de formar a una clase, aunque consigue llevárselos a su terreno y montarse un grupo de rock con los crios, muy virtuosos ellos, y mucho más maduros que su profesor.
Pero, no todo es lo divertido que debería ser. En nuestro país, a alguna eminencia del marketing se le ocurrió la brillante idea de que el señor Dani Martín de “El Canto del Loco” seria la encarnación perfecta para doblar a Black... y no. Desentona muchísimo. La verdad es que no se como dejaron pasar un doblaje tan deficiente. Y es una pena, porque aunque la película no sea ninguna maravilla, tiene su enjundia, que se disfruta mucho menos en la voz de un famoso sin tino para estos menesteres. Y sí, ya se que es actor y todo lo que queráis... pero no pega...
Como he dicho, una lástima.
sábado, 30 de mayo de 2009
viernes, 4 de julio de 2008
Rebobine, por favor

Desde hace unos meses llevo sintiendo una sensación de pesadumbre sobre mis espaldas acrecentada por continuas decepciones en mi quehacer diario. Enumerar esas decepciones me llevaría no horas, sino días, así que me es más fácil empezar la lista por las cosas que aún mantienen mi entrega y fidelidad absolutas.
Una de esas cosas es el Cola-Cao. Por muchos portentosos instrumentos que hayan sacado al mercado para acelerar la disolución de los polvitos de chocolate en la leche (Turbo Cao, Baticao, Navecao...), se siguen formando pequeños grumitos y a mí siempre me han gustado los grumitos.
Una de esas cosas es el Cola-Cao. Por muchos portentosos instrumentos que hayan sacado al mercado para acelerar la disolución de los polvitos de chocolate en la leche (Turbo Cao, Baticao, Navecao...), se siguen formando pequeños grumitos y a mí siempre me han gustado los grumitos.
De hecho, de entre los 6.706.479.514 humanos que pueblan el Planeta Tierra, yo soy un grumito.
Los grumitos no somos diferentes en apariencia al resto de los otros seres ‘normales’, pero tenemos algunas particularidades que, a distancias cortas, dejan aflorar diferencias internas.
Como es la primera vez que escribo en este blog sobre cine, que mejor manera de presentarme que hablando de mis diferencias cinéfilas.
Siempre me he declarado cinéfila. Descubrí que lo era cuando, en el verano de mis quince años me compré una revista de cine para pasar las horas muertas del largo trayecto en coche hacia un destino que no recuerdo. La revista en cuestión era Fotogramas, una ventada de papel cuché al mundo del cine nacional, internacional, pasado, presente y futuro. De repente sentí un hambre cinematográfico por ver todas esas películas de las que se hablaban en la revista. De ver esas, y todas las que se hubieran rodado antes.
Desde entonces, ir al cine con mis amigos me resultaba aburridísimo: Parque Jurásico, Cheque en blanco, Solo en casa, Solo tú,...
Para apagar mi sed de buenas películas me hice socia de un videoclub, y con la llegada del canal de pago Canal +, acabé por hacer mías muchas de las películas de difícil acceso en aquellos momentos (cabe decir que no pisé Barcelona hasta los 18 años, así que mi cinefilia se limitaba a la programación de los cines de barrio de Badalona y Calella de Mar, en mis estancias estivales).
Con los años, y como pasa en todos los ámbitos de la vida, cuanta más grande es la experiencia más fácil le resulta a uno definirse, posicionarse y adoptar decisiones.
Sigo sin olvidarme que esto es un blog de cine, y como este también es un ámbito de la vida, me posiciono.
Ayer, y después de intentarlo semanas antes (básicamente intentaba que alguno de mis amigos quisiera acompañarme), vi Rebobine, por favor.
Como es la primera vez que escribo en este blog sobre cine, que mejor manera de presentarme que hablando de mis diferencias cinéfilas.
Siempre me he declarado cinéfila. Descubrí que lo era cuando, en el verano de mis quince años me compré una revista de cine para pasar las horas muertas del largo trayecto en coche hacia un destino que no recuerdo. La revista en cuestión era Fotogramas, una ventada de papel cuché al mundo del cine nacional, internacional, pasado, presente y futuro. De repente sentí un hambre cinematográfico por ver todas esas películas de las que se hablaban en la revista. De ver esas, y todas las que se hubieran rodado antes.
Desde entonces, ir al cine con mis amigos me resultaba aburridísimo: Parque Jurásico, Cheque en blanco, Solo en casa, Solo tú,...
Para apagar mi sed de buenas películas me hice socia de un videoclub, y con la llegada del canal de pago Canal +, acabé por hacer mías muchas de las películas de difícil acceso en aquellos momentos (cabe decir que no pisé Barcelona hasta los 18 años, así que mi cinefilia se limitaba a la programación de los cines de barrio de Badalona y Calella de Mar, en mis estancias estivales).
Con los años, y como pasa en todos los ámbitos de la vida, cuanta más grande es la experiencia más fácil le resulta a uno definirse, posicionarse y adoptar decisiones.
Sigo sin olvidarme que esto es un blog de cine, y como este también es un ámbito de la vida, me posiciono.
Ayer, y después de intentarlo semanas antes (básicamente intentaba que alguno de mis amigos quisiera acompañarme), vi Rebobine, por favor.
Rebobine, por favor, es una película escrita y dirigida por otro grumito, Michel Gondry, que junto con Spike Jonze y Charlie Kaufman, son los nuevos grumitos del cine alternativo a los que soy adicta desde que me enamoraron con sus primeras películas y me volvieron a enamorar con las segundas. Ingeniosos de principio a fin, han sido los principales ar
tífices de que ya no tenga miedo a expresarme por otros medios que no sean la palabra oral (‘Hablar constantemente no significa necesariamente comunicarse’, Olvídate de mí) sin temer por reacciones ajenas.
Rebobine, por favor, es un homenaje al cine, al cine en toda su amplitud, desde el clásico al contemporáneo (especial ilusión me hizo ver entre las películas ‘suecadas’ a mis favoritas Pleasantville y Boogie Nigths).
Aparentemente, quizá cuente con tres detractores dentro de ella misma que hagan disparar las alarmas y los prejuicios de los cinéfilos más exquisitos y conservadores a la hora de ir a verla: un título en español que puede concederle un carácter de comedieta barata; un Jack Black que en bastantes de sus interpretaciones anteriores a rozado el ‘jimcarrianismo’ más desquiciante; y Mos Def, ¿un rapero en una buena película?
Pero, afortunadamente, el film, no es una comedieta barata, Jack Black está tan estupendo como en Alta Fidelidad (de hecho, Jack Black me ha gustado siempre), y Mos Def, hace una interpretación más que correctísima.
En efecto, Michel Gondry, que ya me sorprendió muy gratamente con Human Nature, Olvídate de mí, y la Ciencia del sueño, vuelve a hacerlo con esta película, donde, en menor medida que con la anterior, deja rastro de su primer paso por el mundo del videoclip (genial la recreación de las teclas del piano con las manos de personas blancas y negras).
tífices de que ya no tenga miedo a expresarme por otros medios que no sean la palabra oral (‘Hablar constantemente no significa necesariamente comunicarse’, Olvídate de mí) sin temer por reacciones ajenas.Rebobine, por favor, es un homenaje al cine, al cine en toda su amplitud, desde el clásico al contemporáneo (especial ilusión me hizo ver entre las películas ‘suecadas’ a mis favoritas Pleasantville y Boogie Nigths).
Aparentemente, quizá cuente con tres detractores dentro de ella misma que hagan disparar las alarmas y los prejuicios de los cinéfilos más exquisitos y conservadores a la hora de ir a verla: un título en español que puede concederle un carácter de comedieta barata; un Jack Black que en bastantes de sus interpretaciones anteriores a rozado el ‘jimcarrianismo’ más desquiciante; y Mos Def, ¿un rapero en una buena película?
Pero, afortunadamente, el film, no es una comedieta barata, Jack Black está tan estupendo como en Alta Fidelidad (de hecho, Jack Black me ha gustado siempre), y Mos Def, hace una interpretación más que correctísima.
En efecto, Michel Gondry, que ya me sorprendió muy gratamente con Human Nature, Olvídate de mí, y la Ciencia del sueño, vuelve a hacerlo con esta película, donde, en menor medida que con la anterior, deja rastro de su primer paso por el mundo del videoclip (genial la recreación de las teclas del piano con las manos de personas blancas y negras).
Lo mejor de Gondry, su mejor arma, es precisamente su imaginación. Y eso es lo que queda plasmado en esta película: un tipo magnetizado que borra accidentalmente todas las películas de un videoclub, y junto con el encargado del establecimiento deciden grabarlas ellos mismos.
Las escenas, los recursos empleados, la película en sí misma, no deja de ser un puro absurdo brillantemente excepcional. Ante la idea que origina la historia y el planteamiento visual de toda ella, uno no puedo más dejarse maravillar por este genio realizador francés que hace el cine que quiere y cómo quiere.
Lo dicho, Rebobine, por favor. Porque una buena dosis de humor siempre viene bien.
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