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sábado, 1 de noviembre de 2008

La Felicidad de los Katakuri

Hay veces en la vida en que, gracias a estar en el lugar adecuado en el momento adecuado descubres algo que de otra manera nunca hubieses conocido. Normalmente cuando voy al salón del manga o del comic acabo descubriendo cosas que se convierten en decisivas. Recuerdo el primer año que fui al saló y encontré el comic de “Vidas etílicas”, convertido ya en un clásico de mi biblioteca (que por cierto tengo perdido de vista… no tengo ni idea de donde está…), o como en el salón del comic de este año conocí a Ayumi Hamasaki,…

La cuestión es que este año, al estar “trabajando” en el saló en la caseta de Casa Asia, compartida con la revista Cine Asia he aprendido un poco más de cine y he descubierto una película más que digna de mención. La película, japonesa para más información, se llama “La felicidad de los Katakuri” y está dirigida por el polifacético Takeshi Miike. Pero… ¿qué es La Felicidad de los Katakuri? Pues podríamos decir que una combinación más que acertada de estilos que nos hacen pasar una hora y media muy entretenida y tener la sensación de haber descubierto algo que va a perdurar.

Pongamos sobre la mesa los antecedentes: La película empieza con una animación en plastilina con un toque gore que irá reapareciendo en las escenas de acción de la película (una manera de sorprender y a la vez ahorrar en efectos especiales) que pasa a presentarnos a la familia Katakuri. El clan está formado por el abuelo, un cachondo que abre la película matando a un pájaro de un palazo, el padre y la madre, arquetipos de la típica familia japonesa, un hijo con un pasado turbio y varios robos a sus espaldas y una hija enamoradiza madre soltera de una niña pequeña que asiste como observadora a todo lo que ocurre a su alrededor. Esta familia, aparentemente normal, decide abrir un hotel en la montaña lejos de la sociedad y, como era de esperar, no se comen un colin. Cuando la familia ya está desesperada, finalmente llega un huésped, pero no llega al día siguiente, ya que se suicida en una de las habitaciones. Para no atraer mala publicidad al hotel y evitar que los antecedentes del hijo salgan a la luz, deciden enterrar al muerto en tierras cercanas al hotel, y continuar adelante con su proyecto. Pero una maldición pesa sobre esas tierras y poco a poco las tierras alrededor del establecimiento se van llenando de personas que fallecen en extrañas circunstancias y que la familia esconde.

La historia es una locura, pero más aún lo es la combinación de géneros que se pueden encontrar: desde la animación por plastilina hasta el musical, la comedia negra y la fantasía/terror. En la carátula del DVD se dice que esta película es la combinación perfecta de Sonrisas y lágrimas y el amanecer de los muertos. Y doy fe que tiene razón.

Esta película se ha ganado ya un rinconcito entre mis preferidas, al lado de The Rocky Horror Picture Show.

A continuación teneis el trailer. Está en japonés, pero miradlo, porque os hareis una idea de qué es esta película:


Y la escena inicial... brillante, lo más brutal de la peli (¿no tiene un toque Michel Gondry?):

lunes, 6 de octubre de 2008

La Ciencia del Sueño


Soñar es uno de los placeres de la vida. Cerrar los ojos e imaginar. A veces el sueño se confunde con la realidad y no puedes discernir qué es cierto y que es una ensoñación. En principio los sueños son algo volátil y efímero, pero también pueden ser una ciencia. Todos tenemos herramientas para crearlos y dejar que se manifiesten. Y de algo así habla La ciencia del sueño, una película magnífica de Michael Gondry.

Para muchos Gondry es conocido por su película “Olvídate de mi”, para otros Freaks como yo, es el director de los mejores videoclips de Björk (Human behaviour, Army of me,…), y precisamente toma esta estética tan suya, a la “vieja” usanza para traernos una película onírica, bella y oscura, triste y alegre a la vez. Amelie sin ser Amelie, confusa sin ser Lyncheana y una frikada enorme, pero bonita y muy interesante.

Me ha gustado mucho, a parte de la historia que narra el encuentro de Stephane y Stephanie en la ciudad de París, en la que se mezclan los sueños, la fantasía y la realidad en su pequeño pero gran mundo donde podemos encontrar barcos con bosques encima, maquinas del tiempo que funcionan un segundo y caballos de peluche que andan, la genial ambientación de la cinta y las actuaciones de Gael García Bernal y de Charlotte Gainsbourg, hija de Serge gainsbourg y Jane Birkin.

Recalco la genial actuación de Gael García Bernal. Como siempre está increíble.

Y no me extiendo más, porque las grandes películas se pueden saborear en tragos cortitos…

¡Buenas noches!

viernes, 4 de julio de 2008

Rebobine, por favor

Desde hace unos meses llevo sintiendo una sensación de pesadumbre sobre mis espaldas acrecentada por continuas decepciones en mi quehacer diario. Enumerar esas decepciones me llevaría no horas, sino días, así que me es más fácil empezar la lista por las cosas que aún mantienen mi entrega y fidelidad absolutas.

Una de esas cosas es el Cola-Cao. Por muchos portentosos instrumentos que hayan sacado al mercado para acelerar la disolución de los polvitos de chocolate en la leche (Turbo Cao, Baticao, Navecao...), se siguen formando pequeños grumitos y a mí siempre me han gustado los grumitos.

De hecho, de entre los 6.706.479.514 humanos que pueblan el Planeta Tierra, yo soy un grumito.

Los grumitos no somos diferentes en apariencia al resto de los otros seres ‘normales’, pero tenemos algunas particularidades que, a distancias cortas, dejan aflorar diferencias internas.

Como es la primera vez que escribo en este blog sobre cine, que mejor manera de presentarme que hablando de mis diferencias cinéfilas.

Siempre me he declarado cinéfila. Descubrí que lo era cuando, en el verano de mis quince años me compré una revista de cine para pasar las horas muertas del largo trayecto en coche hacia un destino que no recuerdo. La revista en cuestión era Fotogramas, una ventada de papel cuché al mundo del cine nacional, internacional, pasado, presente y futuro. De repente sentí un hambre cinematográfico por ver todas esas películas de las que se hablaban en la revista. De ver esas, y todas las que se hubieran rodado antes.

Desde entonces, ir al cine con mis amigos me resultaba aburridísimo: Parque Jurásico, Cheque en blanco, Solo en casa, Solo tú,...

Para apagar mi sed de buenas películas me hice socia de un videoclub, y con la llegada del canal de pago Canal +, acabé por hacer mías muchas de las películas de difícil acceso en aquellos momentos (cabe decir que no pisé Barcelona hasta los 18 años, así que mi cinefilia se limitaba a la programación de los cines de barrio de Badalona y Calella de Mar, en mis estancias estivales).

Con los años, y como pasa en todos los ámbitos de la vida, cuanta más grande es la experiencia más fácil le resulta a uno definirse, posicionarse y adoptar decisiones.

Sigo sin olvidarme que esto es un blog de cine, y como este también es un ámbito de la vida, me posiciono.

Ayer, y después de intentarlo semanas antes (básicamente intentaba que alguno de mis amigos quisiera acompañarme), vi Rebobine, por favor.

Rebobine, por favor, es una película escrita y dirigida por otro grumito, Michel Gondry, que junto con Spike Jonze y Charlie Kaufman, son los nuevos grumitos del cine alternativo a los que soy adicta desde que me enamoraron con sus primeras películas y me volvieron a enamorar con las segundas. Ingeniosos de principio a fin, han sido los principales artífices de que ya no tenga miedo a expresarme por otros medios que no sean la palabra oral (‘Hablar constantemente no significa necesariamente comunicarse’, Olvídate de mí) sin temer por reacciones ajenas.

Rebobine, por favor, es un homenaje al cine, al cine en toda su amplitud, desde el clásico al contemporáneo (especial ilusión me hizo ver entre las películas ‘suecadas’ a mis favoritas Pleasantville y Boogie Nigths).

Aparentemente, quizá cuente con tres detractores dentro de ella misma que hagan disparar las alarmas y los prejuicios de los cinéfilos más exquisitos y conservadores a la hora de ir a verla: un título en español que puede concederle un carácter de comedieta barata; un Jack Black que en bastantes de sus interpretaciones anteriores a rozado el ‘jimcarrianismo’ más desquiciante; y Mos Def, ¿un rapero en una buena película?

Pero, afortunadamente, el film, no es una comedieta barata, Jack Black está tan estupendo como en Alta Fidelidad (de hecho, Jack Black me ha gustado siempre), y Mos Def, hace una interpretación más que correctísima.

En efecto, Michel Gondry, que ya me sorprendió muy gratamente con Human Nature, Olvídate de mí, y la Ciencia del sueño, vuelve a hacerlo con esta película, donde, en menor medida que con la anterior, deja rastro de su primer paso por el mundo del videoclip (genial la recreación de las teclas del piano con las manos de personas blancas y negras).

Lo mejor de Gondry, su mejor arma, es precisamente su imaginación. Y eso es lo que queda plasmado en esta película: un tipo magnetizado que borra accidentalmente todas las películas de un videoclub, y junto con el encargado del establecimiento deciden grabarlas ellos mismos.

Las escenas, los recursos empleados, la película en sí misma, no deja de ser un puro absurdo brillantemente excepcional. Ante la idea que origina la historia y el planteamiento visual de toda ella, uno no puedo más dejarse maravillar por este genio realizador francés que hace el cine que quiere y cómo quiere.

Lo dicho, Rebobine, por favor. Porque una buena dosis de humor siempre viene bien.

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