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jueves, 29 de mayo de 2014

A 20 pasos de la fama


La semana pasada se estrenó por estos lares el documental ganador del premio Oscar de la pasada edición, A 20 pasos de la fama, y aprovechando las ofertillas que tenemos últimamente en Barcelona nos fuimos nuestra gran amiga Eli y un servidor a los cines Renoir a ver que tal pintaba la cosa.


A 20 pasos de la  fama nos sitúa sobre un escenario, pero no en el centro de los focos. La película nos invita a acompañar a las grandes voces que enriquecen los discos y las actuaciones de los cantantes famosos (Rolling Stones, Bruce Springsteen, Tina Turner, Michael Jackson, Stevie Wonder,…), con una serie de personajes anónimos para el gran público, pero que se esconden detrás de grandes himnos que todos conocemos. En este recorrido histórico, vemos como las grandes voces cultivadas en los coros de las iglesias empezaron a causar sensación entre los artistas del rock, que reclamaban su presencia tanto en sus grabaciones como en sus directos, en substitución de las chicas blancas y académicas que se utilizaban hasta la fecha, porque aportaban una mayor frescura y personalidad a los temas. La gran mayoría de estas talentosas mujeres (y hombres) anhelaban una carrera en solitario que, por desgracia, nunca llegaba a despegar, y en muchos casos llegaron a abandonar (momentáneamente o no) la industria, aunque en el fondo su talento siempre estuvo allí y por eso son personas respetadas por los más grandes de la industria.


Si os gusta la música, las grandes voces y las historias personales de gente que ha tenido que luchar contra las adversidades, esta película os puede interesar mucho. Yo me fui a casa con una sonrisa en la cara y con muchas ganas de escuchar a Tina, Aretha, Diana Ross, Stevie Wonder,… ¡y todas las voces que se esconden detrás!

viernes, 8 de marzo de 2013

Beyoncé nos da más... ¿de lo mismo?

Advertencia: En este blog somos fans totales de Beyoncé. Este artículo hace referencia exclusivamente al documental Life is But a Dream, que no me ha gustado nada, pero ella es la mejor cantante pop/R&B/lo que se proponga actual. Dicho queda.

Beyoncé es la leche. De todas las cantantes "actuales", probablemente es la que tiene un mayor control de su carrera, de las noticias que se generan sobre ella, y siempre está dispuesta a darnos a conocer lo que ella quiere a través de documentales y demás cosas parecidas. Pero repito, solo lo que ELLA quiere mostrar.

Life Is But a Dream es el último documental que ha presentado Beyoncé sobre su carrera y como la compagina con su vida personal, estrenado en la prestigiosa cadena americana HBO hace unas semanas, pero que, desgraciadamente, es un poco más de lo mismo.


El fan medio de Beyoncé ya está acostumbrado a verla ensayando, preparando shows espectaculares que parece que no van salir bien hasta el último minuto, recordando su etapa infantil, explicando sus pensamientos a su ordenador o lidiando para conseguir el disco/show que ella quiere. Vamos, que quiere dejar claro que ella está al control de TODO.

Y como siempre, la primera vez que vemos un documental sobre nuestra estrella favorita nos suele encantar (véase el ejemplo claro de Katy Perry: Part of Me del que tan bien hemos hablado tantas veces), pero Beyoncé ha llegado a un momento que se hace cansina... y es que este documental no rebela casi nada nuevo, y es bastante muermo.

Aún así, hay tres cosas fascinantes que hacen que merezca la pena verlo:

1- Beyoncé se sostiene el moño metiéndose una piña dentro.

¿Quien vive en el moño de Beyoncé?
BOB ESPONJA

2- Mamá Tina Knowles le ayudó a sostenerse la peluca con una redecilla antes de parir... y iba pintada como una puerta

Esto de grabar el parto no se si es una buena idea...

3- Por desgracia, Blue Ivy ha salido a su padre...

Ser la hija de Beyoncé y parecerte a Jay-Z... tiene delito...

Pues eso B, saca otro disco tan bueno como esos que tu sabes hacer... y déjate de tonterías.

¡Pasad un buen fin de semana!

domingo, 28 de octubre de 2012

'Katy Perry: part of me'. La película.



De un tiempo a esta parte la industria de la música pop más comercial se ha ido poblando de artistas de dudosa calidad vocal pero visualmente atractivas por sus indumentarias y particulares puestas en escena, que han ido consiguiendo legiones y legiones de fans y una total omnipresencia en las radiofórmulas y pistas de baile de todo el mundo sin prácticamente esfuerzo. Y es que, pelucas de colores y vestuarios imposibles son hoy la carta de presentación y billete hacia el éxito de muchas de las actuales ‘reinas del pop’, como Lady Gaga, Rihanna, Jessie J o Nicki Minaj.

De entre todo el variopinto carnaval de cantantes que pululan por ahí, Katy Perry, la chica que lo mismo se viste de tarta de cumpleaños como que se pone dos molinillos en los pechos y los hace girar, merece un punto y a parte, no sólo por el fenómeno fan que arrastra tras de sí, si no por sus logros profesionales, que no son pocos.


Tras hacerse famosísima en el mundo entero con su pelotazo ‘I kissed a girl’, Katy Perry lanzó su segundo disco en el año 2010, ‘Teenage dream’, con el que consiguió lo que nadie había conseguido hasta la fecha: colocar cinco de sus temas en el número 1. Muchos han dicho que canta mal (y culpa tiene la muchacha cuando en una entrega de premios de la MTV nos regaló la peor de sus actuaciones al cantar como una grulla apaleada), y otros como yo, la pusimos en duda como cantante por llamar más la atención con sus disfraces que con sus letras. Sin embargo, muy equivocados estábamos cuando, tan solo prestándole unos pocos minutos, pudimos comprobar que la californiana es una artistaza del pop de aquí a la luna ida y vuelta (probablemente la mejor cantante pop de la actualidad), que se toma muy en serio lo que hace, poniéndole muchas dosis de humor a la vida. Esa es la clave de un éxito que ha atrapado a millones de seguidores de todo el mundo (conocidos como Katy-Cats y que solo en Twitter suman 28 millones), y de todas las edades: jóvenes y no tan jóvenes, e incluso niños atraídos por sus coloridas y fantasiosas puestas en escena.


Para acabar de quemar su ‘Teenage Dream’ y compensar a esos seguidores que la han llevado hasta lo más alto, la californiana se embarcó el año pasado en su primera megagira mundial (sin pasar por España), de la que podemos disfrutar, a modo de documental, con ‘Katy Perry: part of me’, una película que ella mismo se encargó de producir junto a MTV films. 



‘Katy Perry: part of me’ nos muestra el lado más íntimo y personal de la cantante, tanto durante la preparación de la gira como después, así como la relación que mantiene con su familia (especialmente entrañables resultan los momentos con su abuela), con sus amigos y con las personas que trabajan con ella, codo a codo, para levantar cada espectáculo.

El documental se divide en tres partes bien diferenciadas que podríamos resumir en una primera que narra sus primeros contactos con la música hasta conseguir su primer contrato con un sello discográfico; una segunda desde que empieza la gira hasta que contrae matrimonio con Russell Brand; y una tercera, desde que su matrimonio empieza a hacer aguas hasta su último concierto en Brasil.


Durante todo este viaje, la Perry se nos muestra tal y como es, sin artificios ni imposturas. Una cantante cercana, que ama a sus fans como sus fans la aman a ella, llena de vitalidad, entusiasmo y 100% pura ambición por llegar a ser la artista que a día de hoy es.

No obstante, a medida que avanzamos en el documental, uno percibe que tal vez la intención de Katy no era tanto permitirnos ver ‘entre bambalinas’ como acto de generosidad hacia los que queremos saber más de ella, si no darnos una explicación sobre el verdadero motivo de su divorcio con Russell Brand. Y es que es tanta la importancia que tiene esta historia en la película y marca tanto su descenso emocional (sí, reconozco que lloré cuando la vi echa un mar de lágrimas, sacando fuerzas de dónde no las tenía para dar su último y multitudinario concierto), que todo parece estar ideado para dejarnos claro que él y solo él es el culpable de la ruptura.


‘Katy Perry: part of me’ es una película muy recomendable para todos sus incondicionales y para aquellas personas que alguna vez se han sentido atraídas por su música, pero no se han atrevido a confesar su ‘perrysmo’ por una simple cuestión de prejuicios.

¡Katy Perry es puro buen rollismo y por eso nos gusta!

Puntuación El Rotoscopio: 4/5

lunes, 20 de junio de 2011

Man on Wire

A priori, cuando uno piensa en un "documental cinematográfico" (si es que tal cosa existe) solemos asociarle como sinónimo el concepto de tostón de magnitudes épicas. Pero en El Rotoscopio, como somos tan eclécticos, nos propusimos ver el tan aclamado documental "Man on Wire", que narra como un funambulista francés se coló con un grupo de aliados en las torres gemelas al poco tiempo de construirlas para hacer un espectáculo en la cima, cruzando de lado a lado (para algo es funambulista, ¿no?).

Bien, pues sorprendentemente la película es ágil y consigue transmitirte el buen rollo y la energía del grupo que planifica esta aventura (todo el rato parece que están tramitando un robo). En la película, más allá de la historia, que también está bien, me fijé en la manera en como los personajes la explican, y de las ganas de vivir y de tener aventuras que transmite. Se podría decir que abofetea en la cara a toda la gente pasota y sin ambición, y te da ganas de tener aventuras. Y precisamente este buenrollismo me recordó a los anuncios de “Be Water, My Friend” o los de Aquarius, ya sabéis, aquellos que dicen que “El hombre es un ser extraordinario”.

Sin ser esta una película que entrarían en el olimpo de “Las Elegidas”, aquellas que son indispensables y hay que ver, es una película “inteligente” que podréis fardar de ver sin morir en el intento

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