
En primer lugar, no cerramos el blog. Simplemente, vamos a hablar de una película que se titula “Despedidas”.
Y ahora, al meollo.
Despedidas es una película japonesa, ganadora del Oscar a la mejor película de habla no inglesa en el año 2009. Virginia ya comentó la película en su momento, y ahora os aporto mi visión (no he releído su entrada hasta que he escrito la mía, para no influenciarme).
Despedidas narra la historia de un chico que toca el violoncelo en una orquesta hasta que esta cierra por el escaso éxito que tiene. En este momento el joven y su señora se tienen que replantear su vida, vender su instrumento e irse al pueblo donde nació, a la casa que le dejó su madre al fallecer. En su “nueva” casa, el joven matrimonio empieza una nueva vida, y el chico responde a una oferta de trabajo para una “agencia de viajes” que no resulta ser tal cosa, sino una empresa que se encarga de preparar a los fallecidos para “viajar” al otro mundo.
Esta película agridulce me ha entusiasmado por su delicadeza (muy típica del cine nipón), por la manera como combina los sentimientos de tristeza y melancolía con el humor, por las relaciones que se establecen en los personajes (el matrimonio, con los compañeros de trabajo, con la familia,…) , la dificultad que hay para entenderse entre ellos,…
Me ha parecido muy significante cuando el protagonista deja ver que disfruta con su trabajo: Puede que la demás gente no lo entienda, pero él es feliz. Y pienso que este es un mensaje que deberíamos de tener todos muy claro. Que no lo entendamos no quiere decir que no sea lo correcto. Lo dice uno que tiene que explicar siempre a qué se dedica y, en cierto modo, justificarse. Sí, soy bibliotecario porque quiero y me gusta.
Y bien, dejando la parrafada reivindicativa, os recomiendo fervientemente esta película.


