
Como ayer a la mañana quería irme a la playita, decidí “perderme” el final de perdidos para verlo a la noche, con más tranquilidad. Ahora ya lo he visto.
He oído de todo, mayoritariamente malo, sobre este final. Tal vez no era lo que me esperaba, pero creo que ha sido digno. Y eso es muy importante.
Sin spoilear, hay gente que lo ha comparado con el final de los Serrano. Esto me parece simplista, además de incierto. Hace varias temporadas que dejé de buscar respuestas. Si ves Perdidos, tienes que vivirla como un acto de fe. No todo te va a venir mascadito. Hay cosas que pasan, y como el sentido de la vida, son imposibles de revelar, porque, ¿Quién sabe si habrá algún sentido? (además, el final de la serie sostiene esta manera de entenderla...)
De lo que me he dado cuenta es que mucha gente no ha entendido (o no se ha parado a entender) el final. Yo no soy ninguna lumbrera, y en el primer momento me quedé un poco descolocado, pero después empecé a reflexionar (aquí encontramos la gracia del desenlace de ayer) y llegué a unas conclusiones que después complementé con las opiniones encontradas en la red, y encuentro que este ha sido un proceso muy enriquecedor.
A quienes buscaban una solución pintada con brocha gorda, hay que darles la razón en su decepción. Yo pienso que, aunque hayan tirado por la opción fácil (básicamente porque no se han mojado), el resultado no ha desentonado con la dinámica de la serie.
Y a quien no le haya gustado, que piense en el camino que nos ha traído hasta aquí, que ese si que ha sido disfrutable.
Hasta siempre, Perdidos.