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viernes, 28 de octubre de 2011

El apartamento

Últimamente estoy en fase de descubrimiento de Billy Wilder, y después de ver Con faldas y a lo loco me he decidido a ver El Apartamento, del año 1960 que le valió 5 premios Oscar (incluyendo los de mejor película, director y guión original).


El apartamento al que hace mención el título es el pisito de soltero de C.C. Baxter (Jack Lemmon, protagonista también de Con faldas y a lo loco), un ambicioso (y pardillo) empleado de una gran empresa aseguradora que aspira a ascender dejándoles a sus jefes las llaves de su piso para que puedan acudir con sus amantes, aunque ello le impida a él mismo poder disfrutar de su propia casa. El pobre muchacho no es capaz de ver como estos favores empiezan a convertirse en una gran bola de nieve, y que cada vez más gente quiere beneficiarse de este privilegio... aunque claro, ¿como va a darse cuenta si sus actos empiezan a dar resultado (en forma de meteórico ascenso)?

Los problemas empiezan cuando Baxter se fija en la ascensorista del trabajo (Fran Kubelik, interpretada por Shirley MacLaine) una muchacha muy abierta pero que no se implica amorosamente con nadie (aparentemente). Y es que por más que lo intenta Baxter, no consigue acceder a ella... hasta que el apartamento vuelve a convertirse en el centro de la acción otra vez.


Aunque la película pueda parecer una comedia (más viniendo del señor Wilder), y a pesar de tener ciertos momentos de este género (sobretodo porque el personaje de Baxter es bastante pardillo), desde mi punto de vista estaríamos más cerca de un drama o, si me apuras, una dramédia, que tan de moda están ahora. La sensación de sacrificio para alcanzar una meta, lo poco que se valoran los favores, tragar con jefes aprovechados, la imposibilidad de encontrar un amor correspondido,... todo ello en conjunto nos hace ver que 50 años no son tantos, y que tampoco hemos aprendido de los errores pasados.

Si sumamos a las interpretaciones, la dirección, lo relevante de la historia y el estatus (merecido) de clásico, no nos queda otra que recomendárosla. Eso sí, a mi me gustó más “Con faldas y a lo loco”, seguramente porque me pareció una de las mejores comedias que he visto, y aquí iba un poco más despistado hasta que le cogí el punto.

viernes, 17 de junio de 2011

Con faldas y a lo Loco!!!

Una semana hemos tardado en actualizar el blog... ¡UNA SEMANA!

Seamos sinceros: entre que Vir está de sequía creativa (aunque es justificada, ahora que va a ser pluriempleada), y yo he empezado a trabajar en un viejo/nuevo lugar (que me encanta, aunque me exige más dedicación, tal vez, o al menos estos primeros días) pues tenemos este mundillo virtual la mar de abandonado. Pero tenemos muchas cosas que comentar (como el gran reality Alaska y Mario, del que ya comentaremos su gran final, en plan epílogo, cuando se emita, o el maravilloso anuncio de Uma Thurman para Schweppes, ¿What did you expect?, con floripondio incluido).

Pero claro, teniendo en cuenta que últimamente nos hemos ido por las ramas y esto cada vez se parece más a una peluquería que a un blog de cine (que así fue como lo parimos), pues vamos a hacer un análisis “tradicional” de una película clásica, para que mantengamos la esencia. La elegida a sido “Con Faldas y a lo Loco” (1959), dirigida por Billy Wilder y protagonizada por Marilyn Monroe, Tony Curtis y Jack Lemmon.


El planteamiento inicial me recordó un poco a Sister Act (grande Whoopy Goldberg), en el sentido que unos artistas presencian un crimen de la mafia, y para esconderse tiene que travestirse. En este caso, en vez de acudir a la policía (mala opción si quieres sobrevivir) la pareja de músicos formada por Tony Curtis y Jack Lemmon deciden enrolarse en un viaje junto a un grupo musical de Jazz femenino, travestidos para la ocasión. Los problemas empiezan cuando aparece la sensual Sugar Kane (Marilyn), y se quedan prendados de ella. En este momento empieza una comedia de enredo delirante en la que las carcajadas se van sucediendo durante las prácticamente dos horas de metraje. Hay varios pasajes a destacar, pero la escena de la fiesta en la litera me parece una de las cosas más divertidas que he visto en una pantalla nunca.

Respecto a los actores principales, los dos protagonistas masculinos están divertidísimos en su registro, especialmente cuando aparecen vestidos de señora e intentando disimular para no ser descubiertos, ya sea por el resto de féminas, por los mafiosos o por los pretendientes que les aparecen por el camino. Marilyn Monroe encarna a la rubia ingenua y enamoradiza en un papel que permite mucho menos lucimiento, pero era una estrella y resplandece cada vez que aparece. Y como siempre los secundarios están a la altura de la producción, llegando a robar muchas veces protagonismo a las propias estrellas.

Como siempre que veo cine clásico, me sorprendo ante la libertad y la falta de prejuicios que había en el Hollywood de antaño, al menos de cara a la galería, que parece que no se transmitieron a la sociedad en general hasta décadas más tarde.

Un clásico en mayúsculas, que tendríais que ver (si no lo habéis hecho).

¡Pasad un buen fin de semana!

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