
Hace años, cuando iba a la ESO, una profesora de Lengua (Castellana) nos habló de un libro. Ella estaba entusiasmada. Podría decirse que hasta excitada al respecto. Ni que decir queda que aquella mujer parecía excitada por todo. Ya fuese el análisis de una oración copulativa o el significado del verbo lamer, que tan amablemente diferenció del verbo chupar. Una imagen (sí, imagen) que nunca podré quitarme de la cabeza.
La cosa es que, como estaba diciendo, la doña estaba entusiasmada con un libro que había leído. Se trataba de la historia de un chico que nace con un don para los

olores excepcional. Es capaz de percibirlos, diseccionarlos y conservarlos en su mente de por vida. Con este don nace y se cría en un orfanato y trabajando con curtidos hasta que llega el día que conoce un olor que le embelesa. El olor de una mujer. Él no quiere hacerle nada malo. Solo olerla. Retener ese olor para siempre. Pero claro, ella opone resistencia y en un descuido la mata. El olor de la chica empieza a difuminarse hasta que se pierde en las putrefactas calles de París. A partir de este momento el protagonista decide cambiar el rumbo de su vida y se dedica al arte de la perfumería gracias a un viejo perfumista. El chico le devuelve la fama y la fortuna pero ansia más. Ansia crear el mejor perfume del mundo, aquel que solo puede realizarse a partir de la unión de los olores de distintas doncellas. A partir de aquí se inicia un camino de búsqueda y un río de sangre en el que el lector se implica de manera total en la historia, pudiendo oler los acontecimientos.

Como ya sabréis, estoy hablando del libro El Perfume, de Patrick Süskind. A pesar de saber como acababa, ya que la citada profesora se encargó de cerciorarse que no nos perdíamos ningún detalle, yo leí el libro, y me enamoré ciegamente. No solo la historia era perfecta, sino que además estaba envuelta en un halo poético y tan bien descrito que cada sensación se transmitía como si la estuvieses viviendo. En parte por este “amor ciego” a la novela, me daba miedo ver la película, pero anteayer finalmente sucumbí a la tentación. Y me alegro de haberlo echo.
La película El Perfume: Historia de un asesino, es un retrato fiel a la nov

ela. Oscura y siniestra, pero a la vez cargada de un torbellino de sensaciones. Me daba miedo que el cine, por sus características inherentes, no transmitiera los “olores” como lo hacia el libro, pero sufría sin sentido. Lo que en texto son adjetivos, en imagen son eso, imágenes, imágenes violentas para incitar un olor nauseabundo, imágenes sensuales para describir uno calido. Otro miedo que tenía era el final. Si habéis leído el libro sabréis que es “peculiar”, por lo que pensaba que podían haberlo censurado. Ni mucho menos, no hace falta olvidar que estamos ante una película europea (coproducción española) y el final es brutal, como se merece una película de estas características.
Estamos pues ante una obra maestra de la que no se ha hecho justicia por el simple hecho de ser Europea. Después ves que Troya sirve para llenar las arcas de unos cuantos y se te empieza a caer la cara de vergüenza…
Disfrutad de esta gran película, porque merece la pena.
Saludos cordiales
Daniel Rio Romo
